viernes, 11 de junio de 2010

La Revolución que nadie soñó o la otra Posmodernidad. De Fernando Mires


Jose Luis Moran José Luis Moran Esparza

Economista. Diplomado en Investigación. E-mail: moran.joseluis@gmail.com.
Fernando Mires nos describe, en un libro sugestivo que lleva por título “La revolución que nadie soñó” un análisis de varias revoluciones en donde cada una se encuentra dentro y fuera de la otra como partes de un mismo todo analizado desde distintos campos.
Pero nos detiene a reflexionar sobre un concepto. “La Posmodernidad”. La posmodernidad como etapa histórica y como concepción de la realidad, ha generado una amplia polémica en torno a su conformación y, sobre todo, en cuanto a su posible definición. Asumida desde diversas perspectivas, ha incorporado a su descripción lógica e inicial –posterior a la Modernidad– una vasta gama de rasgos, ideas y formas de pensamiento, que han complejizado enormemente, el hecho de determinarla y, por ende, su concreta conceptualización.
La Posmodernidad surge como una concepción distinta del dúo hombre realidad, en donde lo único cierto es el cambio constante. Más allá de los linderos de la Edad Moderna, el dinamismo indetenible de la cotidianidad mueve los hilos del comportamiento humano. El hombre cayó en cuenta que aquello considerado nuevo o moderno en un momento dado, se tornaba normal, anticuado e inclusive obsoleto, en solo cuestión de días.
Para Mires (1995), los signos que demuestran su existencia son múltiples, pero él escoge cinco, de los más relevantes, para sustentar ese devenir: la instauración de la microelectrónica, la reacción feminista, el auge de la conciencia ecológica, la crisis política y, lógicamente, a raíz de cada uno de ellos, la devaluación de los paradigmas.
La tecnología microelectrónica se extiende por todo el planeta a ritmo acelerado, sustituyendo la maquinaria pesada y descartando la numerosa -aún- mano obrera dentro del ámbito de trabajo. La nueva organización industrial amerita menor cantidad de personas, quienes especializadas en un área laboral, ejecutan las funciones necesarias. En la medida que se imponga esta nueva concepción organizacional, el desorden y el caos harán acto de presencia (manifestaciones públicas, protestas, pobreza, etc.). En este sentido indica Mires “…Cada innovación, también las tecnológicas, produce nuevos intereses y, por lo mismo, nuevos conflictos y desórdenes...” (Mires, 1995; p. 24).A pesar de ello, la sustitución de la maquinaria pesada, otro elemento básico de la Revolución Industrial, por sus descendientes microelectrónicas es un hecho innegable.
En cuanto a la Revolución feminista la misma se muestra a la sociedad actual en toda su plenitud. Ahora, como nunca antes, el rechazo sistemático a los dogmas, creencias y valores establecidos por el hombre para tratar a la mujer, ha evidenciado la escasa pertinencia del modelo patriarcal dentro del ámbito contemporáneo. Se hace notorio el conjunto de derechos que la figura femenina ha alcanzado en ese devenir desde la Edad Moderna; la participación -cada vez más relevante- de la mujer en espacios antes sólo ocupados, detentados o concebidos por hombres (y para los hombres por supuesto). Esta revolución se observa, igualmente, en el lenguaje, en el discurso de la posmodernidad, donde ha ganado, con amplia ventaja, la lucha sostenida. Se impone así: jueza, médica, ingeniera, bachillera, etc.
Las otras dos propuestas de quiebre: la Revolución ecológica y la Revolución política, son también, experiencias cercanas. La aparición de una conciencia ecológica en el hombre, a la presunción, -infinitas veces invalidada-, de ejercer control sobre el medio natural. El deterioro ambiental es una prueba clara del abuso, científico o no, del sujeto moderno, y, además, de la reacción del entorno en contra de los desmanes humanos.
Asumiendo otra perspectiva. Mires se detiene en la consideración de la crisis política que se vive. La fragilidad de los líderes actuales; el, patéticamente sostenido, sistema democrático; la desaparición reiterada de las excelsas utopías políticas y sociales, como en el caso de la Unión Soviética y su sistema de gobierno comunista, tienden a agrandar la fisura inicial entre Modernidad y Posmodernidad. La disolución del modelo más representativo del comunismo, dejó un vacío en el ideario socio-político, y sin adversario posible a la democracia y al capitalismo.
El desmembramiento del socialismo alemán es otro “síntoma” de la crisis de la política moderna, cuyo más notable ascendiente fue la Revolución francesa. El pueblo, de acuerdo a lo señalado por Mires (1995), lucha por el reconocimiento en un contexto que le da sentido político, mas lo político nunca podrá delegarse eternamente -en unos pocos sujetos, ni puede cerrarse sobre sí-. Ello negaría lo que, ahora, parece desprenderse de la defensa y reconocimiento de los derechos de las personas: la vía intransitada hacia la libertad. Allí la verdadera revolución política.
Cada una de las cuatro revoluciones ocupa y afecta un espacio propio. Cada una de ellas converge a crear una gran revolución: aquella que nadie soñó. Sin violencia, sin estridencias, sin tantos cadáveres como amerita una palabra tan temida como ésa –revolución-. Por tanto estas anteriores se fusionan y se proyectan en una última, la más profunda, la transformación de los paradigmas de la Modernidad.
Al respecto Hurtado y Toro (1999), describen y contrastan los paradigmas y métodos predominantemente utilizados en la Modernidad y, en la así llamada Posmodernidad. Dentro del primer ámbito, el moderno, se establecen dos métodos esenciales: el Hipotético-deductivo y el Histórico-dialéctico.
Para el segundo ámbito refieren los métodos: Hermenéutico, Fenomenológico, Etnográfico, de Historias de vida y el de Investigación-acción. Lo relevante de toda esta visión metodológica se encierra en los principios que parecen orientar su aplicación. En el caso de los métodos modernos, el criterio fundamental es cuantitativo, medible. Por el contrario las formas de captación que surge como propuestas dentro de la Posmodernidad se orientan hacia un criterio cualitativo, donde toma cuerpo un espectro mayor de posibilidades para entrar en contacto y comprender lo real en su constante proceso de formación.
“La línea que traza el trayecto de la vida humana, no es la recta ni el círculo sino la espiral, que vuelve sin cesar y sin cesar se aleja del punto de partida. Extraña lección: no hay regreso pero tampoco hay punto de llegada”.

O. Paz
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5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Abel, buenas tardes. Yo soy el creador del blog, pero este material es de otro autor, compañero de maestría. Me pondré en contacto con él, a ver si me facilita el material de nuevo y poder resubirlo. También déjame tu correo para hacérselo llegar al autor.

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    2. Abel, buenas tardes. Yo soy el creador del blog, pero este material es de otro autor, compañero de maestría. Me pondré en contacto con él, a ver si me facilita el material de nuevo y poder resubirlo. También déjame tu correo para hacérselo llegar al autor.

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    3. Abel, ya esta resubido el archivo para descarga.

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